sábado, 21 de agosto de 2010

Hacia la educación por competencias...

Autor:

Dr. Adrián Gómez Fernández


La sociedad está en una transformación constante, tanto en materia económica, social, política, cultural, como educativa. La producción de grandes avances tecnológicos y científicos han producido cambios socio-culturales importantes, haciendo que la sociedad asuma esos retos en la información y el conocimiento.

En un pasado, cuando se le preguntaba a los alumnos qué relación existía entre lo que se hace en la escuela y la vida afuera de ella, se encontraba la respuesta presentida y temida: ¡Ninguna!. No se daba una formación real, basada en el futuro profesional, sino en insertar conocimiento teórico, el cual no siempre estaba adecuado a la realidad externa. Parecía ser predecible que para lo único que servía un título universitario era para que obtener una mejor posición y tener una mejor remuneración, ya que lo aprendido en sus años de estudios era completamente diferente de cara al trabajo.

La educación no enseñaba a resolver los problemas, enseñaba cómo operar. Hay conocimientos que no se utilizaban en la práctica, por lo tanto, la educación proporcionaba una cantidad de conocimiento teórico bastante grande, pero que no eran prácticos para la vida profesional. Así mismo, la situación mundial a obligado a la sociedad y a la empresas a exigir a las universidades la formación de profesionales con características diferentes.

Aguiar (2005) afirma que “los organismos internacionales proponen los porqué y para qué de la educación, señalan cuáles deben ser los valores a fortalecer, las actitudes y competencias ha desarrollar, qué tipo de educación posibilitará que el individuo y la sociedad alcancen el bienestar“ (pp 47). Esto ha fomentado que en la sociedad comercial y en el mundo comercializado se desarrolle una necesidad de la obtención de un título de grado superior, básandose en competencias que deban tener los profesionales para su desempeño en las necesidades de la sociedad actual, así como dando un viraje a la educación tradicional, convirtiéndola en una educación más enfocada en el alumno. Marin (2003) afirma que “perfil de desempeño por competencias comprende los dominios conceptuales, procedimentales y actitudinales que de manera general integran la formación que deberán tener los estudiantes al concluir sus estudios de licenciatura, de acuerdo con los propósitos curriculares“ (pp, 16).

El término competencia, entonces, puede ser definido de manera general como un "saber hacer, sobre algo, con determinadas actitudes", es decir como una medida de lo que una persona puede hacer bien como resultado de la integración de sus conocimientos, habilidades, actitudes y cualidades personales. Para Posada (2005), este concepto es “bastante amplio, integra conocimientos, potencialidades, habilidades, destrezas, prácticas y acciones de diversa índole (personales, colectivas, afectivas, sociales, culturales) en los diferentes escenarios de aprendizaje y desempeño“ (p. 1). De esta manera, el nuevo profesional graduado con esta nueva visión educativa, obtendrá la formación en áreas como el pensamiento crítico y creativo y resolución de problemas, obteniendo competencias necesarias para su desempeño laboral.

Entre las desventajas que se pueden citar al ver este nuevo paradigma, es que todo quede en el plano del discurso, que se vea como una obligación y no como una nueva forma que debe ser tomada por convicción y elección. Que se la falta de perseverancia, que sea vista como una moda o algo que se debe cumplir por norma o para poder llegar a acceder a otros niveles en el área de la docencia. La Universidad que vea en este enfoque su forma de enseñanza, debe de hacerla ver al mismo tiempo en su equipo docente, no en unos, sino en todos, ya que se está acostumbrado al sistema educativo conductista, el cual por muchos años ha sido muy cómodo, y del cual muchos aún no quieren salir (Corrales, 2007).

Algo importante de parte de este rol que toma la Universidad en la formación por competencias, está la formación curricular y en la capacitación del docente como un elemento clave que se constituye en un facilitador o guía en el aprendizaje. En este aspecto, el alumno se convierte en un agente activo en el proceso. Esto para que se puedan formar profesionales capacitados para una vida profesional de larga duración, donde se limiten a poner en práctica sólo los conocimientos durante su formación, sino que logren adaptarse al medio cambiante en que se encuentran.


Referencias bibliográfica

Aguiar, M. (2005). Las competencias profesionales: algo más. Revista de Educación y Desarrollo; pp 45-52. Consultado el 4 de julio de 2010 en http://www.cucs.udg.mx/revistas/edu_desarrollo/anteriores/4/004_Aguiar.pdf

Corrales, S. (2007). La misión de la universidad en el siglo XXI. Revista Razón y Palabra, 57. Consultado el 5 de Julio de 2010 en: http://www.razonypalabra.org.mx/anteriores/n57/scorrales.html

Marín, R. (2003). El Modelo Educativo de la UACH: Elementos para su Construcción. México: UACH/Dirección Académica. Consultado el 10 de agostohttp://comunidad.uach.mx/wgutierr/modeloeducativoUACH.pdf

Posada A (2005). Formación Superior Basada en Competencias, Interdisciplinariedad y Trabajo Autónomo del Estudiante, Revista Iberoamericana de Educación, Facultad de Educación, Universidad del Atlántico, Colombia. Consultado el 6 de julio de 2010 en http://www.rieoei.org/deloslectores/648Posada.PDF

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