Autora:
Dra. Katherine Molina
Educación se entiende como un proceso mediante el cual los individuos adquieren conocimientos, valores costumbres, principios, así como el “desarrollo de habilidades”. (Moreno, 2010) La educación se puede dar de varias formas: la formal, la no formal y la informal. La educación formal hace referencia a los ámbitos de las escuelas, institutos, universidades, módulos; la no formal se refiere a los cursos, capacitaciones, y seminarios entre otras; la educación informal es aquella que abarca la formal, la no formal, y la que está fuera de estos ámbitos y se refiere a la que se obtiene todos los días de la vida mediante la experiencia y las interacción con el medio.
En el plano de la educación formal, se ha recurrido a diversas modalidades de aprendizaje: el conductismo, donde se mira el aprendizaje como la modificación de la conducta por la experiencia. En contraste con este, está el constructivismo, que postula la existencia de estructuras cognitivas internas y mira el aprendizaje como la transformación de esas estructuras cognitivas. Independientemente de la manera en que las personas se eduquen, la realidad es que la educación le otorga a quien la posee, un poder liberador y transformador, y es un proceso permanente que propicia el desarrollo personal, el acceso a la cultura y la ciudadanía activa (Organización Internacional del Trabajo, 2005) (OIT).
Anteriormente la educación se impartía en las aulas, y las instituciones eran la única vía de enlace entre la educación formal y las personas. Hoy en día existen otros medios de comunicación que permiten el acercamiento al conocimiento, tal es el caso del internet, que ha venido a ampliar la brecha que existía en cuanto al acceso a la información, y ofrece alternativas de educación utilizando este medio para tal efecto.
Por otro lado, la situación de la educación tiene que ver con el hecho de que el conocimiento no es estable, este se modifica, se amplia e incluso deja de ser pertinente, de acuerdo con las mismas variaciones que se van dando en todos los ámbitos en que esta implícito, de esta manera, “constantemente cambia su valía y permanencia”. (Brunner, 2000).
Con el advenimiento de los nuevos contextos sociales, culturales y económicos, las personas necesitan nuevas competencias para desenvolverse adecuadamente en tales contextos. Es aquí donde aparece el término de competencias, como uno que abarca los conocimientos, las aptitudes y el saber hacer, que se dominan y aplican en un contexto específico (OIT, 2005).
La lógica del enfoque de competencia incorpora como concepto central que el valor de los conocimientos no se asocia a su posesión, sino al uso que ellos permiten. (Rama, 2009) De acuerdo con esto, se puede hablar entonces de tantos tipos de competencias, como fenómenos específicos existan que requieran de la aplicación de habilidades particulares. Así, se puede hablar de competencias tales como: tecnológicas, sociales y de comunicación, teóricas y psicopedagógicas entre otras.
En esta nueva era de globalización y demanda laboral, en lo que al profesional actual respecta, este debe ser visualizado como parte de ámbitos productivos complejos y flexibles que implican complejas y diversas interacciones sociales y de competencias no sólo asociadas a los conocimientos académicos propios de su área de especialidad, sino a una amplia variedad de otros saberes y ámbitos de acción. Es a la luz de estos conceptos, donde el modelo curricular basado en competencias cobra un valor fundamental en el proceso de inserción del profesional en la sociedad actual. Como ya es bien sabido, existen decenas de clasificaciones de competencia (Rama, 2009), y la designación de las mismas responde a un imperativo de orden, en el cual las instituciones las asocian a los saberes, la misión y objetivos conllevan a la construcción del perfil propio de competencias que ella pretende desarrollar. En definitiva, a pesar de que se elija una u otra clasificación, estas se deben considerar como una guía u orientación que faciliten la construcción de las competencias, en cuanto a sus componentes teóricos y prácticos.
En este sentido, la Universidad, como ente superior y formador, adquiere características y funciones propias dentro de su estructura, pero también dentro del sistema social. La función social de la universidad no resulta nunca la misma, porque el sistema social es un proceso dinámico y complejo de manera que la universidad está obligada a reconfigurar de manera constante su idea de función social. Es así, como esta institución, en el marco de ser productora de conocimientos y colaboradora con la sociedad mediante la producción de profesionales, debe incorporar componentes que permitan la incursión efectiva de profesionales proactivos y competentes en la sociedad.
De esta manera, el promover currículo por competencias constituye entonces un instrumento de cara tanto los aprendizajes, como a la movilidad y al empleo, ya que permite entre otros: “fomentar la transparencia en los perfiles de las titulaciones, promover un mayor énfasis en los resultados de los procesos de enseñanza, desarrollar un paradigma centrado en los estudiantes, promover nuevas dinámicas de enseñanza para apropiarse de las competencias específicas y genéricas y articular diversidad de aprendizajes, ampliar los niveles de empleabilidad y crear un lenguaje común para la movilidad profesional asociado a los créditos” (Rama, 2009).
El modelo basado en competencias, difiere de otros modelos como el tradicional, en que en contraste con otros modelos en el hecho de que la competencia no proviene solamente de la aprobación de un currículo basado en objetivos cognitivos, sino de la aplicación de conocimientos en ambientes reales, abriendo la posibilidad de transformar experiencias de aprendizajes en competencias específicas.
La educación en un mecanismo liberador y quien la posee es capaz de transformar, formar y cambiar. En el ámbito de la educación formal la universidad es el último escalón para la preparación de individuos socialmente competentes. En este sentido, la preparación de los futuros profesionales debe estar basada en la identificación previa de necesidades y demandas para el trabajo y la vida en la sociedad.
Es así como, las instituciones deben asumir la responsabilidad principal de invertir en una educación y formación de calidad, previa al empleo, reconociendo que es fundamental disponer de docentes y formadores cualificados, es en este contexto, donde la institución educativa debe replantear su metodología y visión, y plantear el aprendizaje por competencias como una herramienta en el aprendizaje efectivo de cada persona, el cual a su vez es diferenciado y específicos, más allá de estar demarcado al ejercicio de un campo profesional.
La ventaja del modelo por competencias sobre otros modelos, cuando se habla de insertar al profesional, consiste en que este es un enfoque de largo plazo, que hace énfasis en que las competencias profesionales requieren ser mantenidas e incrementadas, y ellas se retroalimentan en cada persona según sus propias especificidades e interrelaciones. Esto, obliga a tener un sistema de actualización continua para ir reforzando y aumentando las mismas, facilitando la empleabilidad de acuerdo con las características particulares del mercado laboral, del perfil de la demanda y del modelo de desarrollo en el cual está inserto el trabajo profesional, que contribuye de manera efectiva y productiva con la construcción del capital humano necesario para el desarrollo social.
Referencias Bibliográfica
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Moreno, M. (2009). El desarrollo de habilidades como objetivo educativo. Una aproximación conceptual. EDUCREA. Consultado en 09,07, 2010 en http://www.educrea.cl/documentacion/articulos/aprendizaje/18_desarrollo_habilidades_aproximacion_conceptual.html.
Organización Internacional del Trabajo. (2005). Recomendación 195 sobre el desarrollo de los recursos humanos: educación, formación y aprendizaje permanente. Ginebra: publicaciones OIT.
Rama, C. (6 de noviembre, 2009). Mercados laborales y competencias profesionales. Ponencia en el Colegio de Periodistas, San José, Costa Rica.
Schmal, S. (2008). Una metodología para el diseño de un currículo orientado a las competencias. Ingeniare. Revista chilena de ingeniería, 16, 147-158.
Tejada, J. (2000). La educación en el marco de una sociedad global: algunos principios y nuevas exigencias. Revista de Currículum y Formación del Profesorado, Vol. 4 (1). Archivo electrónico.